miércoles, 7 de diciembre de 2016

JEAN GENET : HÉROE ,HIJO DE PUTA, NOVELISTA, HOMOSEXUAL, DRAMATURGO, Y POETA

Se abren las compuertas del block del primo mutante , otra vez estas puertas interdimensionales del escándalo y del perjuro poético , vuelven a convocar a otra alma atormentada , para compartir sus versos con más gente ávida  de literatura maldita , en madrugadas encarceladas por el byte del placer epicúreo, hoy revisaremos somera y amaneradamente el mundo creativo de un genio entre los genios de la poesía perversa , esa que   tanto nos delecta y  nos alimenta de réprobas coplas , que nos sustenta  las estrofas endemoniadas y bellas que construirán las texturas del   execrable   refrigerio  para las masas insomnes , que dejarán el valprax ,  la paja , la cocaína ,el sexo anal , el tabaco el alquitrán y el ayahuasca ,  para leer por unos minutos estas inmoralidades artísticas, del novelista ,hijo de puta ,Dramaturgo ,homosexual , delincuente , ex convicto   y poeta francés Jean Genet. Como dice su biografía mal nació   en París el 19 de diciembre de 1910. De padre desconocido, su madre (una joven prostituta) lo entregó a la asistencia pública a la edad de un año, permaneciendo allá hasta los ocho. De los ocho a los diez vivió con un carpintero de Morvan y su familia, a los que hizo víctimas de sus primeros robos, pese a que (según la biografía de Edmund White) siempre se habían preocupado por él y le tenían mucho cariño. Durante su periodo escolar fue un alumno aventajado, obteniendo las más altas calificaciones. Sin embargo, esta época de su vida está plagada de intentos de fuga y hurtos menores. A la edad de diez años, Genet se convirtió en un auténtico ladrón, pasó su adolescencia en prisiones juveniles (como las de Mettray, Fresnes, Tourelles, y Santé) y más tarde acabó prostituyéndose. Edmund White sugiere que los sórdidos y escabrosos detalles acerca de su infancia y adolescencia, pudieran haber sido exagerados por el mismo Genet para encajar en su ideal de "marginado". A partir de entonces comenzó a escribir. Sobre su vida de presidiario escribió en 1946 "Miracle de la Rose"/"El milagro de la rosa" (Paris: Gallimard, 1951), vida de presidiario que finalizó a los 18 años, cuando se alistó en el ejército.

Su vida militar acabó de forma súbita tras ser declarado culpable de realizar actos impúdicos (fue atrapado en actitud homosexual) con un compañero. A partir de ese momento prosiguen sus andanzas como vagabundo, ladrón y chapero por toda Europa. Sobre estas andanzas personales escribe en "Journal du voleur"/"Diario del ladrón" (Paris: Gallimard, 1949). En 1937 regresa a París, dónde entra y sale de la cárcel en numerosas ocasiones acusado de robo, mendicidad, falsificación de documentos, y conducta impúdica y obscena. Una vez más en prisión escribe el poema "Le condamné à mort" (1942) cuya edición costea de su propio bolsillo, y en 1944 la novela "Notre Dame des Fleurs"/"Santa María de las Flores" (Lyon: Barbezat-L'Arbalète, 1948). Tras diez condenas consecutivas, sobre Genet pendía la amenaza de la cadena perpetua. Fue gracias a Jean-Paul Sartre, Jean Cocteau (quien utilizó su influencia para la publicación de "Notre Dame des Fleurs"), Pablo Picasso y otros personajes de la vida artística e intelectual francesa que pidieron el indulto personalmente al presidente de la república y su condena fue finalmente revocada en 1948. Genet nunca volvería a ser encarcelado.

En 1949 ya había publicado cinco novelas, tres obras teatrales y varios poemas. En ellas retrataba de forma totalmente explícita y provocadora tanto el crimen como la homosexualidad, motivo por el que su obra fue, no solo censurada, sino prohibida en muchos países. Por otro lado, debido a la devastadora depresión que para Genet supuso su propio análisis en el largo ensayo de Sartre "Saint Genet comédien et martyr" (1952) dejó de escribir durante años. En 1961 había escrito nuevas piezas teatrales así como el ensayo "Ce qui est resté d'un rembrandt déchiré en petits carrés", analizado por el filósofo deconstructivista Jacques Derrida en su obra "Glas".

Su vida amorosa durante este intervalo de tiempo estuvo estrechamente ligada a Abdallah, un funambulista que acabó con su propia vida en 1964. Tras este suceso, Genet también intentó suicidarse.

A finales de los años 1960, se acentuó su compromiso político, especialmente después de los eventos de Mayo del 68 (incluso homenajeó a Daniel Cohn-Bendit, líder de los estudiantes revolucionarios), declarando que si bien se trataba de una revolución imposible, lo importante era que "la ideología del Mayo Francés es una mezcla de exaltación de la juventud y de rechazo a la autoridad y a la jerarquía". Participó en manifestaciones para llamar la atención sobre las penosas condiciones de vida de los inmigrantes en Francia. Sus convicciones políticas le llevaron también a apoyar a los Panteras Negras, que le invitaron a los EE. UU. donde vivió durante tres meses en 1970 dando charlas, asistiendo al juicio de Huey Newton (su líder), y escribiendo artículos para sus periódicos. También en 1970 tuvo acceso a los campos de refugiados en los Territorios Palestinos, entrevistándose secretamente con Yasir Arafat. Profundamente influenciado por estas experiencias escribió su última, póstuma y larga novela "Un Captif Amoureux"/"Un cautivo enamorado" (Gallimard;1986 que tradujeron al castellano, para Editorial Debate, María Teresa Gallego Urrutia y María Isabel Reverte Cejudo en 1988) En ella Genet recoge textos elaborados durante su estancia en Jordania y Líbano al lado de los fedayín. También apoyó el grupo de información para presidiarios con Angela Davis, George Jackson, Michel Foucault y Daniel Defert. Trabajo con Foucault y con Sartre en sus protestas contra la brutalidad policial contra los argelinos en París, brutalidad permanente desde la guerra de la independencia de Argelia, que provocaba la aparición de cadáveres apaleados y torturados flotando en el Sena.

En 1982 Jean Genet, que se encontraba en Beirut, fue uno de los primeros europeos en entrar en el campo de refugiados palestinos de Sabra y Chatila donde tan sólo horas antes los falangistas (kataeb) libaneses acababan de asesinar a cientos de sus habitantes. El resultado de esta visita es su texto "Quatre heures à Chatila"/"4 horas en Chatila" publicado censurado en la Revue d´Etudes palestiniennes en su número de enero de 1983; hay disponible una traducción en castellano de la versión oficial en CSCA. El 19 de diciembre de 1983, en una de sus escasas apariciones públicas, leyó fragmentos de su obra en la innauguración de una exhibición sobre la masacre de Sabra y Chatila organizada por la "International Progress Organization" en Viena, Austria. Había sido invitado por el filósofo Hans Köchler.


En 1984 la Academia Francesa le concedió el Premio Nacional de Literatura.


Poco tiempo después Genet desarrolló un cáncer de garganta. Fue hallado muerto el 15 de abril de 1986, muerte probablemente causada por un traumatismo craneal tras una caída fatal. Casi olvidado, fue enterrado en el cementerio español de Larache, Marruecos.
OBRAS:
Autobiografía

Diario del ladrón (1949)
Novelas

Santa María de las Flores (1944)
El milagro de la rosa (1946)
Pompas fúnebres (1947)
Querelle de Brest (1947)
Teatro

Las criadas (1947)
Severa vigilancia (1949)
El balcón (1956)
Los negros (1959)
Los biombos (1961)
Elle (1989)
Splendid's (1993)
Le bagne (1994)
Textos

4 horas en Chatila (1983)
Un cautivo enamorado (1986)
Poesía

El condenado a muerte (1942)
"La Galère" (1944)
"Chants secrets" (Le Condamné à mort, Marche funèbre), L'Arbalète, Décines (Lyon), 1945.
"Un chant d'amour" (1946)
"Le Pêcheur du Suquet" (1946)

San Genet, Comediante y Martir >>> del libro de Jean-Paul Sartre:

...Subyace en todo el edificio un resentimiento de base que sostiene su acto creador. Genet es un ser resentido: huérfano, pobre de joven, homosexual rechazado, etc. Su actitud hacia el mundo no puede ser sino defensiva -contra el odio recibido, él devuelve odio poético. Su resentimiento, a diferencia de la mayoría de los discursos literarios y artísticos que se vuelcan hacia una idea reformista, se expresa en clave narcisista, que no se frena ni canaliza con la solidaridad humana. Genet, en tanto aislado, se mueve SIN moral y CONTRA los hombres: el resentimiento no debe resolverse, debe mantenerse intacto en tanto es la fuente de erotización de la que emana su belleza y la poesia (...)

(...) Esta zambullida de Genet en el universo de la marginalidad convierten al mundo en una especie de objeto de perversión. Es decir, Jean erotiza el cosmos que lo rodea en busca del placer que la sordidez le provoca, sucumbiendo a los submundos. Esto, según Freud, impregna de una enorme sensación de libertad a nuestros sentidos (como todo vicio). Es así que mientras Proust muestra una actividad dirigida AL MUNDO, a la razón (al análisis); la actividad genetiana está enfilada y gira en torno AL PLACER y al descubrimiento de la belleza desde su lado inverso: el "mal" (...)

Los atributos de un hombre, o lo que nos permite en última instancia describirlo, no se predican de él como de los objetos que lo rodean: me refiero a que no puede decirse de un hombre que es inteligente de la misma manera que puede decirse de una mesa que es redonda o de una planta que tiene flores. Solamente podrá decirse lo que el hombre es, o parece ser, en la medida en que tomamos su situación concreta en-el mundo. El hombre es lo que se hace, lo que decide hacer él mismo de su existencia. Un hombre es inteligente si sus circunstancias le han prohibido todo conformismo mental. Solamente en este sentido podremos describir a Genet.
Si tomarnos en cuenta, con la tradición hegeliana, que el Ser es Reconciliación, que es el estar del ser en sí mismo, "en casa", en armonía con la naturaleza, Genet nunca es, porque se nihiliza constantemente. Nunca une los opuestos en síntesis; existe en permanente contradicción. Nunca se da la Síntesis final porque sería Plenitud. No podría ser negada. Y la estructura del hombre es precisamente lo relativo, lo no pleno, lo no-absoluto. El hombre nunca es algo absoluto, su ser consiste en su hacer. Genet quiere negarse como ser-en el-mundo pero no puede porque, a pesar suyo, está actuando. El contrario del bien no es el mal, ni el contrario de la honestidad es el robo, ni el contrario del amor es el odio. Todos estos pares de opuestos tienen un revés común que es el no-ser. Por eso nunca podremos ver a Genet como lo que él quiere: como la negación del mundo; porque a pesar de negarnos existimos.

Remontémonos al principio: Genet nace en París el 19 de diciembre de 1910 de padre desconocido. Su madre lo abandona en un orfanatorio siete meses después y nunca vuelve a saber de ella. Lo adoptan y pasa su infancia en una escuela en donde se le educa para ser santo. Pero, un día, en un juego casi de niños, lo sorprenden robando. El solo hecho de llamarlo " ladrón" ya implica una muerte para él, una muerte de la honestidad como estructura de su ser. Sufre entonces varias metamorfosis que en última instancia harán de él, el hombre concreto, Jean Genet, que actúa en situaciones específicas.

La primera conversión de Genet es hacia el mal: decide ser el ladrón que la sociedad quiso; decide asumir la descripción que la sociedad ha hecho de él y responsabilizarse de ello. Roba y hace el mal para que los demás lo consideren malo, ladrón, criminal. De hecho, pasa una gran parte de su vida en la cárcel, adonde es llevado innumerables veces por toda clase de delitos.

Genet quiere ser santo para Ser, en todo el sentido del término. Busca una estructura que le permita fundamentar su ser, que le permita ser plenamente. Al ser descubierto en el robo, se da cuenta de que no puede ser santo en un sentido absoluto; entonces tratará de ser criminal en un sentido absoluto. Lo que Genet quiere es tener una naturaleza. Es ver cuál es su ser más que actuar. No es que quiera hacer el mal, sino que quiere ser malo. Busca fundamentar su vida en una ontología; quiere encontrar la solidez que le dé la estructura de su ser. Pero esto es imposible, puesto que la misma existencia, su simple estar- en-el mundo, es ya la estructura de su ser y del ser de toda la realidad humana. Para poder ser malo, es necesario haber antes tomado la decisión de hacer el mal, de asumir la elección original que la sociedad le impuso. Por ello, Genet hace: para ser. Él quiere ser santo y se fuerza a llevar a cabo algo impuesto desde fuera por la sociedad: ser ladrón. Elige vivir esta dualidad: el robo y la santidad. Genet es el producto que se vuelve contra la sociedad que le impuso el mal. De ahí el título del libro de Sartre: San Genet: comediante y mártir.

Desde los quince años, Genet lleva una vida de delitos hacia la sociedad. Huye del reformatorio donde se le ha encerrado; roba; va a prisión; huye de nuevo; se enlista en el ejército y lo abandona: se le acusa de desertor; en España vive de la mendicidad y la prostitución; recorre casi toda Europa franqueando fronteras prohibidas. Pero Genet tiene una razón para hacerlo: Se trata de hacer el mal para-los otros, no para sí mismo. Por ejemplo, cuando atraviesa Alemania en 1934, siente que está viviendo entre ladrones y gente que se dedica a la maldad: Entonces no robará, pues robar ahí ya no significa para él hacer el mal. Para robar, necesita Genet estar en un país donde se obedezcan ciegamente las leyes morales: solamente así podrá causar escándalo. Genet actúa, entonces, siempre en función de y para los otros.

... " la realidad se adquiere exclusivamente por repetición o participación; todo lo que no tiene un modelo ejemplar está 'privado de sentido', es decir, carente de realidad ( ... ) el hombre de culturas tradicionales sólo se reconoce como real en la medida en que cesa de ser él mismo ( ... ) y se contenta con imitar y repetir los gestos de otro. En otros términos, no se reconoce como real, es decir, como 'verdaderamente él mismo', más que en la medida en que cesa precisamente de serlo."

Ya no es él mismo: actúa con gestos, gestos que le permiten ser lo que la sociedad ha hecho de él: un ladrón, un criminal. Pero corno él, interiormente, no es ni ladrón ni criminal (puesto que estos actos suyos son pura apariencia), será santo: hará el mal precisamente porque es un sacrificio hacerlo.

Hay una irrealidad en la elección de Genet: él cree que roba para hacerse ladrón, pero en realidad está robando. Ésa es su acción en el mundo y roba porque no tiene otros medios para subsistir, porque se le han negado otras posibilidades. Juega a robar, o a escribir, pero como en realidad roba y escribe, se engaña a sí mismo creyendo que es puro gesto y engaña al otro porque se muestra como él no es, como un Genet ficticio. Hace la comedia a pesar suyo. Cree haber elegido hacer el mal, rechazar el mundo, pero este rechazo es tan aparente como el mismo Genet: es sólo una comedia, un gesto.

Por ello Genet es comediante y mártir al mismo tiempo. Es mártir de su propia comedia. Y esta comedia es comedia y no lo es: lo es porque manifiesta el gesto de apariencia de Genet, pero no lo es porque, de hecho, es en-el-mundo y cumple su función de acción.

Otro punto: a pesar de haber tomado como elección original lo que la sociedad le había impuesto, Genet ejemplifica la libertad. Nos muestra nuestras posibilidades latentes: si somos honestos, de ser ladrones; si somos heterosexuales, de ser homosexuales; si somos fieles, de ser traidores; o viceversa. Nos muestra que necesariamente elegimos y asumimos la responsabilidad de la elección, de lo que somos, de lo que hemos decidido hacer. Lo que nos muestra Genet, en última instancia, es que siempre tenemos la posibilidad de ser lo contrario de lo que somos. Genet sabe que es un ser-para-los otros y asume la responsabilidad de serlo. Al ser ladrón, asume la responsabilidad de tener dinero que es dinero del otro. Al ser escritor, asume la responsabilidad de tener palabras que son palabras de los otros y palabras-para-los- otros. Se considera responsable de sus poemas. ¿Por qué? Simplemente porque su elección original ha sido ésa: tomar los "útiles" de los otros para tener un arma con qué atacarlos. Se considera responsable de haber decidido hacer el mal y transformar así la sociedad en la que vive: la sociedad que lo mete en prisión o que lo lee, que actúa sobre Genet de la misma manera en que Genet actúa sobre ella.

La vida se le presenta como una insuficiencia, tanto en el campo del ser como en el campo del tener. Cuando vive en la escuela, todo es compartido para di. El único símbolo que adquiere de la propiedad es mediante el robo. A partir de este sentimiento de insuficiencia, su falta de ser es lo que le llevará a ser santo y su falta de tener le llevará a ser ladrón. Pero se da cuenta que no puede hacer el mal en un sentido absoluto (el ser del hombre es ser relativo); entonces hace el mal como sacrificio. Hace el mal a pesar suyo. Va hacia el robo como hacia una liberación de su ser. Esto lo lleva a su segunda conversión: a ser esteta; pero esteta solamente en el sentido en que le permite hacer el mal mediante la belleza creada, mediante la literatura: usa las palabras para hacer el mal; las considera armas de asesinato.

De lo anterior se deriva la razón por la cual Genet elige el mal como el único camino posible en su vida. El Mal es su ser-otro, porque es no reconocerse (como para Hegel). Genet, en realidad, no es malo. Al querer hacer el mal, actúa en contra de sí mismo. Actúa siendo otro. No se reconoce como sí mismo. Es otro que él mismo. El Mal, por eso, es ser otro que el Ser. Sería, por una parte, el ser del No-Ser, o sea, es lo que caracterizaría la falsedad, la apariencia; y, por otra parte, sería el no-ser del Ser: la negación de lo absoluto, de lo pleno, de lo definible. El Mal es la negatividad absoluta, es la falsedad. Genet se sabe falso. Si hiciera reales sus apariencias, éstas no adquirirían ser, sino que Genet perdería el suyo, caería en lo puramente imaginario para sí mismo. Pero, aunque su ser malo sea aparente, de hecho actúa haciendo el mal; roba y comete delitos que lo llevan a prisión. Es percibido como criminal y, en tanto que es percibido, tiene un ser, un ser que se revela a través de sus acciones. Serán falsedades para el carácter de Genet pero son realidades en tanto que tienen una presencia para el mundo. Su presencia en el mundo es verdadera; sus gestos son apariencia. Es la constante contradicción en Genet; lo verdadero y lo falso se mezclan en todo momento, porque lo supuestamente falso tiene una verdad, que es la presencia en el mundo.

La acción de Genet es el mal; es la destrucción en tanto que, al construir, nos exteriorizamos ante los seres y al destruir reabsorbemos el universo dentro de nosotros mismos. Es con este sentido de destrucción que Genet hace el mal. Construir es llevar a cabo una acción en el mundo. Es exteriorizarnos. Es crear un objeto, parte nuestra, que forme parte también del resto del mundo. Es hacer palpable nuestra acción. En cambio, destruir es lo contrario: es interiorizarnos. Es absorber al mundo dentro de nosotros mismos. Es tener un mundo puramente interno, Es también acción pero sin crear cosa alguna en la objetividad, sino creando en un nivel interior, en el nivel de la conciencia. Son los dos momentos de Genet: el de la acción objetiva -con la que hace la maldad - y el del tiempo interior, el de la santidad - que es reflexión sobre la acción, que es interpretación interior.

De todos los caminos que pueden significar el Mal, Genet elige primordialmente tres de ellos que representan su verdadera acción: el sacrificio religioso, la estética y la literatura.

EL SACRIFICIO RELIGIOSO

Querer ser santo es querer lo absoluto, es querer el Ser, es querer lo pleno.

Es querer pertenecer a un mundo que nos es extraño e imposible,

Querer ser pleno, cuando la estructura de nuestro ser es precisamente el no serlo es querer lo imposible. Es querer ser absoluto y relativo a la vez, plenitud y carencia, ser y nada. Querer ser santo es querer lo imposible. Lo imposible para Genet es el Bien.

Genet quiere ser santo porque quiere el Bien, que es imposible dentro de su situación humana. El Bien es lo absoluto, pero se le encontró robando. No puede ser absolutamente bueno. Entonces hará el mal. Pero tampoco puede ser absolutamente malo. Como su acción es la maldad, se convierte en mártir de sí mismo, en santo.

Es santo porque se re-crea dándose a sí mismo sus leyes; será el mártir del mal, el mártir del robo y del crimen porque transfiere su vida a una pura interiorización.

Es mártir porque, a pesar de haber querido el Bien (por ello quiere ser santo), hace el Mal, lo que interiormente para él significa un sacrificio. En esto consiste su acción porque:

"para Genet, el fin del hombre no es el hombre ( ...) es destruir en sí el tiempo, la historia y lo humano para que nazca en el instante el reino de lo eterno y de lo divino ( ... ) Genet sacrifica al mundo y a sí mismo para tener acceso al universo de lo sagrado".

Su fin no es la acción en-el-mundo, sino los valores que él le da a esa acción ya interiorizada. Sacrifica su acción en el mundo por la interiorización que implica ser mártir de sus propias acciones. Sacrifica todo para participar de "otro" mundo, de su mundo interior. Ser santo es pertenecer al mundo del En-sí. En palabras de Kant, es no estar en el mundo del fenómeno sino del noúmeno. Es estar más allá de la conciencia concreta, en lo transfenoménico, más allá de lo que se nos da a los sentidos. Es participar de un ser absoluto al que no podemos llegar mediante el conocimiento. Es participar de un ser inaccesible. Es lo que le sucede a Genet: En realidad, lo que él prueba, a pesar suyo, es que los valores religiosos están más allá y a veces en contra de la ética humana. Su acción es precisamente asumir la ética humana yendo en su contra: por ello quiere ser condenado y por ello también su acción es sacrificio. Al darse cuenta que el Mal absoluto es imposible, ya no hace el mal para ser malo sino para ser santo, para sacrificarse asumiendo una ética en la que no cree. Se sacrifica haciendo el mal sin ser malo. Por ello es mártir. Y por ello el sacrificio religioso para Genet se da también en la acción del mal.

LA ESTÉTICA

La belleza destruye al Ser-en-sí porque el arte es la creación de una "realidad" distinta de la realidad natural. Esta realidad natural, para Genet y para toda la tradición filosófica que él asume, se identifica con el Ser, con la Plenitud. En este sentido, todo arte es imitación, es querer ser pleno y no serlo. Ya desde la Edad Media, el arte es visto como secundario porque rompe con el Ser, con la Realidad, con la Naturaleza.
Por eso la belleza es apariencia. Va contra el Ser. Es el Mal, porque tanto el Mal como la Belleza son anti-physis.

Genet es, entonces, esteta para llevar el Mal a la práctica. Si la belleza destruye al Ser, entonces el malo se hace esteta.

Pero esta lucha constante de Genet contra el mundo no se da como en los demás estetas que rechazan la moral común y proclaman sus propias leyes: Genet utiliza la belleza como un arma dentro del sistema ético humano: lucha en el mundo con los mismos valores del mundo. Quiere que se le condene. Acepta los valores y hace lo contrario de lo que ellos dictan. Por eso, también en este caso, es sacrificio.

LA LITERATURA

Genet parte del hecho de que la lengua es del Otro, tiene los valores que los otros te dan. Es lo que permite a Genet tener culpa frente a los otros, hacer el mal dentro de su propio campo de valores. Los pensamientos de Genet están en constante contradicción y se rechazan. Pero como las palabras sí pueden unirse, es mediante la lengua escrita que Genet lleva a cabo su verdadera acción. Es poder infinito de creación. Genet crea para permanecer en el vacío, usa la literatura para aislarse aún más de los hombres. No habla para que lo escuchen ni escribe para que lo lean. Utiliza las palabras para permanecer en la carencia, para seguir siendo un "muerto social", como dice Sartre.
Pero como en realidad se le lee, el lenguaje de Genet cumple su función de hacer el mal y a un nivel aún más profundo que sus robos y sus fraudes. Si bien un ladrón es un ser creado por la sociedad en la que se desenvuelve, pasa inadvertido como hombre concreto para convertirse en el "ladrón" o en el "criminal", producto de dicha sociedad. Pero un escritor del Mal ya no es un escritor cualquiera, producto de la sociedad. Es específicamente Jean Genet. El criminal acaba con algo o con alguien: mediante la literatura se crea, no se destruye. Al escribirse el crimen, se crea. Construye un objeto que llena las conciencias de criminalidad, que hace surgir el crimen en medio de la sociedad.

Lo peor no es hacer el mal sino manifestarlo, proclamarlo. La mayor parte de las obras de Genet tienen como tema principal el crimen. Como fiel reflejo de su ser, Genet quiere que estas obras no se publiquen, que sean leídas como algo negativo o, aún mejor, que no se lean.

Como criminal, sólo algunos policías conocen su existencia. Como escritor, su campo es mucho más amplio. Es leído, a pesar suyo, por un público más o menos numeroso: hace el mal infectando el mundo a mayor escala. Se convierte en objeto de horror. Obliga a los otros a verlo como él quiere ser visto. Ya no comete el crimen sino que da su significado y su interpretación. Es éste el verdadero mal que causa a la sociedad: porque para Genet la sociedad no es mala; es él el causante del mal. Definirá el mal por lo que él es, mostrándole así a dicha sociedad el producto que ha creado.

Por ejemplo, en Notre-Dame des Fleurs (1942-43), se muestra exactamente como él es, sin compasión ni piedad. Sus personajes se ven obligados a amar lo que odian y por ello son mártires, por ello son santos. Son solitarios, medio locos, casi esquizofrénicos.

Sus obras van desarrollándose junto con Genet: en Miracle de la Rose (1943, publicada en 1946), ya no es una pesadilla lo que narra, sino un despertar: es la liberación de Genet. De hecho, es la última vez que pone a sus personajes en prisión. Ahora lo que hace es describir la sociedad mediante un hombre astuto, nervioso. En otras palabras, podríamos decir que describe a un hombre más humano, que se pasea en su celda. Es la historia de una cierta sociedad.

Pero la obra que verdaderamente representa un cambio en la creación literaria de Genet es Pompes Funébres (1944-45, publicada en 1947). Ésta es ya una obra de completa interiorización. Da a los objetos significados específicos que les permiten ser "útiles" para Genet. Todo acto es un rito, una ceremonia hacia lo negativo. Como las cosas han perdido verdadero significado para Genet, como tanto él como los objetos que maneja son para los otros, entonces no tiene importancia en qué se conviertan: así vemos una caja de cerillos convertirse en ataúd, un ataúd que contiene el cuerpo de su amante, del rencor hacia la muerte donde no existe el ser. Todo es pasado, es no ser. Es una recreación de Genet: interiorización pura,

Su obra posterior, Journal du Voleur (1946, publicada clandestinamente en 1948), ya no es una meditación sobre su vida, sino sobre sus obras mismas: es una herencia literaria que nos muestra los recuerdos que son sus obras: son primero manifestaciones del Mal; después, de la imposibilidad del Mal; de la Santidad; de la Comedia; del Sacrificio, y así sucesivamente.

Tal vez la obra que mejor refleja la personalidad de Genet es Les Bonnes (1946-1947). Es la muestra del continuo movimiento de Genet de ser y apariencia, de imaginación y realidad. Al escribirla, lo que Genet hace es mostrar lo artificial, poner la mentira en escena. Les Bonnes, las sirvientas, son los otros. Pertenecen al mundo de sus patrones. Son el no-ser, el mal. Quieren integrarse al orden social que repudian: contradicción de la vida diaria. Son como la sociedad las ha creado: falsas, producto de lo artificial; tienen siempre la conciencia de ser otras que ellas mismas. Incluso Genet hace que quienes actúen el papel de sirvientas sean hombres, para que se vea aún más falsa la situación; hombres vestidos de mujer, por supuesto. Y además trata de que no sean actores profesionales: así, son actores que no son actores, sirvientas que no son sirvientas, mujeres que no son mujeres: Todo es mentira.

LA POESIA

La poesía en Genet no es una de las formas de literatura; es una manera que él tiene de vivir. Es estrictamente personal; no se destina a un público. El tema de sus obras es siempre aquello que afecta su sensibilidad. Son puramente experiencias mentales.
Si definiéramos la poesía como comunicación, Genet no sería poeta, porque incapacita sus obras para tal efecto. Genet no nos da nada en sus poesías. Se leen sin recibir algo positivo: desgarra los valores, el honor, la virtud, el bien, para no ofrecer más que vacío. Sus obras tratan de la apariencia porque escribe sus sueños. En ningún sitio hay lugar para el Ser: es solamente crimen, solamente destrucción. Es el Mal sin pretexto, sin excusa, sin justificación. Elimina su ser y se presenta como gesto.

Pero su poesía tiene, de hecho, un fin: mediante la palabra, golpear la conciencia de los otros, de la sociedad entera. Aunque trate de evitar su publicación, crea algo concreto. No escribe para ser leído, pero lo es. Sin quererlo, Genet transforma al otro que lee sus obras, deja de estar en sí mismo y se convierte en leyenda, en poesía para los-otros. Hace a un lado su circunstancia y ejerce su libertad. "La idea que nunca he dejado de desarrollar es que, a fin de cuentas, cada quien es siempre responsable de lo que se ha hecho de él - aun si no puede hacer nada más que asumir esta responsabilidad. Yo creo que un hombre siempre puede hacer algo de lo que se ha hecho de él. Es la definición que daría yo hoy de la libertad: ese pequeño movimiento que hace de un ser social totalmente condicionado, una persona que no restituye la totalidad de lo que ha recibido, de su condicionamiento; que hace de Genet un poeta, por ejemplo, mientras que estuvo rigurosamente condicionado para ser un ladrón ( ... ) Porque a Genet se le hizo ladrón; él dijo 'soy un ladrón' y ese pequeño movimiento fue el principio de un proceso mediante el cual llegó a ser poeta y, después, finalmente, un ser que ya no está verdaderamente al margen de la sociedad, alguien que ya no sabe dónde está y que se calla. En un caso como el suyo, la libertad no puede ser dichosa. No es un triunfo. Para Genet, simplemente abrió ciertos caminos que no le habían sido ofrecidos desde el comienzo."
DIARIO DE UN LADRÓN (FRAGMENTO)
….Hacia lo que se denomina el mal, por amor, corrí una aventura que me condujo a la cárcel. (…) Los juegos eróticos descubren un mundo innominable que es revelado por el lenguaje nocturno de los amantes. Semejante lenguaje no se escribe. Se susurra, de noche, al oído, con voz ronca. Al amanecer, se olvida. Negando las virtudes de vuestro mundo, los criminales aceptan, desesperadamente, organizar un universo prohibido. Aceptan vivir en él. Su atmósfera es nauseabunda: saben respirarla. Pero ─ los criminales están lejos de vosotros ─ como en el amor, se separan y me separan del mundo y de sus leyes. El suyo huele a sudor, a semen y a sangre. Ofrece, en fin, la abnegación a mi alma sedienta y a mi cuerpo. Porque posee estas condiciones de erotismo es por lo que me encarnicé en el mal. Mi aventura, en ningún momento impuesta por la rebeldía ni por la reivindicación, no será, hasta este día, más que un prolongado apareamiento, recargado, complicado con un pesado ceremonial erótico (ceremonias figurativas que llevan a presidio y lo anuncian). Si es la sanción y, para mí, también la justificación del crimen más inmundo, será el signo del más extremo envilecimiento. Este punto definitivo al que conduce la reprobación de los hombres apareciósele como el lugar ideal de la más pura armonía amorosa, es decir, la más turbia, donde se celebran ilustres bodas de ceniza. (…) Ofrecía pues, a los presidiarios, mi ternura, quise llamarlos con nombres encantadores, designar sus crímenes, por pudor, con la más sutil metáfora (bajo cuyo velo no habría ignorado la suntuosa musculatura del asesino, la violencia de su sexo). (…) Y cada flor me produce una tristeza tan solemne que todas deben significar la pesadumbre, la muerte. Busqué, pues, el amor en función del presidio. Cada una de mis pasiones me hizo esperarlo, entreverlo; me ofrece criminales, me ofrece a ellos o me invita al crimen. (…) Los más hermosos son los que se ven adornados con mi ternura, aunque no olvido a los contrahechos, a los descoyuntados.
Ha sido necesario, me digo, que el crimen vacile mucho tiempo antes de conseguir el perfecto éxito que son Pilorgue o Ange Soleil. Para rematarlos (¡la palabra es cruel!) fue necesario el concurso de coincidencias numerosas: a la belleza de su rostro, a la fuerza y elegancia de su cuerpo debían sumarse su gusto por el crimen, las circunstancias que hacen al criminal, el valor moral capaz de aceptar un destino tal, el castigo, en fin, la crueldad de éste, la cualidad intrínseca que permite al criminal resplandecer en él, todo esto dominado por oscuras regiones. El héroe combate contra la noche y la vence, pero conserva algunos jirones de ella. La misma vacilación, la misma cristalización de dichas preside el éxito de un policía puro. A ambos los amo. Pero si amo su crimen es por lo que conlleva de castigo, “de pena” (pues no puedo suponer que no la han entrevisto). Uno de ellos, el antiguo boxeador Ledoux, contestó, sonriendo, a los inspectores: “Antes de cometerlos es cuando habría podido lamentar mis crímenes”) en la cual quiero acompañarlos para que, de todas maneras, se vean colmados mis amores.
En este diario no quiero camuflar las demás razones que me hicieron ladrón, siendo la más simple la necesidad de comer; sin embargo, en mi elección no intervinieron jamás la rebeldía, la amargura, la cólera ni ningún otro sentimiento parecido. Con un cuidado maníaco, “un cuidado celosos”, preparé mi aventura como se prepara un lecho, una habitación para el amor: el crimen me ha encelado.
DE POMPAS FÚNEBRES (FRAGMENTO)
“Mi desesperación ante la muerte de Jean es un niño cruel. Es Paulo. Que nadie se asombre si, al hablar de él, el poeta llega a decir que su carne era negra, o verde, del verde de la noche. La presencia de Paulo tenía el color de un líquido peligroso. Los músculos de los brazos y las piernas eran largos y lisos. Se le suponían unas articulaciones perfectamente flexibles. Tal flexibilidad, la longitud de los músculos y su tersura eran el signo de su perversidad. Cuando digo signo, quiero decir que entre su perversidad y estos caracteres visibles existía una relación. Sus músculos eran elegantes, finos. Su perversidad también lo era. Tenía una cabeza muy pequeña sobre un cuello macizo. Los ojos, cuya mirada fija parecía aún peor que la de Erick, eran los de un juez implacable, los de un soldado, los de un oficial estúpido hasta lo sublime. Jamás sonreía su rostro. Tenía el pelo liso, pero se le montaban los mechones. Puede decirse que daba la impresión de que no se peinaba nunca y sólo se atusaba el pelo con las manos mojadas. De todos los tipejos que me gusta sacar a relucir es el más perverso. Abandonado encima de mi cama será, desnudo, terso, un instrumento de tortura, unas tenazas, un cris a punto de funcionar, que funciona por su sola presencia, que era perversa y surgirá pálido y con los dientes apretados, de mi desesperación. Me permitió escribir este libro, igual que me dio fuerzas para asistir a todas las ceremonias del recuerdo. "
REFLEXIONES :
"¿Qué es un marica?. Un hombre, que por su naturaleza, se opone a la marcha del mundo, se niega a entrar en el sistema según el cual está organizado el mundo. El marica se niega a esto, niega eso, lo socava, quiera o no. Para él el sentimiento es sólo tontería y engaño, sólo existe el placer. Vivir de sorpresas, de cambios, aceptar los riesgos, exponerse a las afrentas, es lo contrario de la coacción social, de la comedia social"

Elévate en el aire de la luna, mi vida.
En mi boca derrama el consistente semen
que pasa de tus labios a mis dientes, mi Amor,
a fin de fecundar nuestras nupcias dichosas.
Junto tu hermoso cuerpo contra el mío que muere
por darle por el culo a la golfa más tierna.
Sopesando extasiado tus rotundas pelotas
mi pija de obsidiana te enfila el corazón.  
POEMA “EL CONDENADO A MUERTE”
asesino de veinte años
(Fragmento)El viento arrastrando un corazón sobre el adoquinado de los patios
un ángel que solloza colgado de un árbol
la columna de azur que ciñe el mármol
hacen abrir en mi noche salidas de emergencia.

Un pajarillo que muere y el sabor a ceniza
el recuerdo de una mirada dormida sobre el muro
y ese puño adolorido que amenaza el cielo
hacen que se incline tu rostro en el cuenco de mi mano.

Ese rostro más rígido y más leve que una máscara
pesa más en mi mano que en los dedos del reducidor
la joya que se embolsilla; él se ahoga en llanto.
Sombrío y fiero, lleva un ramo verde como casco.

Tu rostro es adusto: el de un pastor griego.
Se queda temblando entre la palma de mis manos.
Tu boca es la de una muerta, tus ojos, rosas
y tu nariz es acaso el pico de un arcángel.

El hielo destellante de un pudor malévolo
que recubre tus cabellos claros de astros acerados
corona tu frente de espinas de rosal
¿qué gran pena lo ha fundado si tu rostro canta?

Dime qué loco infortunio hace relumbrar tu mirada
de una desesperación tan grande que el dolor feroz,
perturbador, él mismo, ¿¡personalmente!? adorna tu redonda boca
no obstante tus lágrimas heladas, con una sonrisa de duelo.

No cantes esta noche los “Costauds de la Lune”.
Seas antes, rapazuelo de oro, princesa de una torre
soñando melancólico con nuestro pobre amor
o el obtuso rubio que vela en la gavia.

Él baja hacia el anochecer a cantar en el puente
entre los marineros de rodillas, el habitual
“L’Ave Marie stella”. Cada navegante con su verga
que palpita en su mano de pícaro.

Para ensartarte bello zopenco aventurero
se enristran bajo su pantalón los fornidos marineros.
Amor mío, amor mío, robarás tú las llaves
que me abrirán ese cielo en que vibran los mástiles.

Tal tú diseminas, regio, el blanco sortilegio,
esta nieve sobre mi página en mi callada prisión:
los terrores, la muerte entre las violetas
¡la muerte con sus cantos de gallo! sus amantes fantasmas.

Con pies afelpados pasa un guardia que merodea.
Yace en mis ojos hundidos tu recuerdo
hasta podría escaparse por los techos
dicen que Guyana es tierra caliente.

¡Oh el acogedor presidio imposible, remoto!
Oh, el cielo de la Belle, el mar y las palmeras
los amaneceres transparentes, las noches de locura y de calma
oh, el pelo al rape y la piel suavísima.

Soñemos juntos, Amor, con algún amante rudo
enorme como el Universo, envuelto en sombras.
Nos enredará desnudos en esos albergues sombríos
entre sus muslos dorados, sobre su vientre irresistible.

Un chulo deslumbrador consumado en un arcángel
cachondo ante los ramos de claveles y jazmines
que sostendrán tus manos claras
sobre el venerado flanco que tu beso turba.

¡Mi mueca triste! ¡Amargura que colma
mi desdichado corazón! ¡Mis amores aromados
ya me dejan! ¡Adiós cojones adorados!
¡Por encima de mi voz entrecortada partes pinga insolente!

¡Rapaz, no cantes, compón tu aire forajido!
Sé la viuda de radiante cuello
si no temes al niño armónico
muerto en mí mucho antes que el hacha me decapite.

Venerable muchacho coronado de lilas
inclínate en mi cama, deja que mi rabo alcance
a restallar en tu broncínea mejilla. Escucha relatarte
a tu amante el asesino su gesta en mil destellos.

Canta que tenía tu cuerpo y tu rostro,
tu corazón que no abrirían las espuelas
de un macizo caballero. ¡Tener tus redondas rodillas!
Tu cuello fresco, tu mano suave, ¡ay chaval, tener tus años!

 ENTREVISTA POR “PLAY BOY” (1964)
El santo y el criminal

Usted se ha referido a su identidad de homosexual, traidor, bandido y cobarde. No puede decirse que haya ocultado su personalidad. De hecho, se le ha acusado de convertir esa confesión en un alardeo con fines publicitarios. ¿Qué hay de cierto en ello?
Es cierto que en mis escritos autobiográficos he resaltado estas cualidades, aunque hay que tomar en cuenta que los escribí hace veinte años y por razones que no siempre fueron muy puras. Me refiero a que no siempre fueron de una naturaleza poética. Así es que supongo que había un elemento publicitario en eso. Pero elegí maneras peligrosas de llevar a cabo esa publicidad; me refiero a que eran formas que me ponían en peligro. El acto de revelarme como homosexual, bandido, traidor y cobarde me colocó en una situación que no era lo que podríamos llamar "segura". Esto hizo que me fuera imposible escribir obras que la sociedad pudiera digerir con facilidad. En resumen, ese aparente alardeo de inmediato me puso fuera de alcance. Me excluí de la buena sociedad.
¿Se propuso convertirse en homosexual, traidor, bandido y cobarde, del mismo modo en que decidió publicitarse como tal?
No me lo "propuse". No tomé ninguna decisión. Si empecé a robar fue porque tenía hambre. Después tuve que justificar ese acto, tuve que aceptarlo. En cuanto a ser homosexual, no podría decirle por qué lo soy. No sé nada acerca de ello. ¿Acaso uno sabe por qué es homosexual? ¿Acaso alguien sabe por qué alguien más elige una cierta posición para hacer el amor en la cama? La homosexualidad, por decirlo de alguna manera, es algo que me fue dado, como el color de mis ojos, o el tamaño de pies que tengo. En mi infancia estaba consciente de que me atraían los niños. Sólo después de experimentar esa atracción "decidí", elegí libremente mi homosexualidad, en el sentido sartreano de la palabra "elegir". Para decirlo de un modo más sencillo: tuve que soportarlo, aceptarlo, aunque sabía que estaba condenado por la sociedad.
¿Alguna vez ha sentido interés por las mujeres?
- Sí, me han interesado cuatro: la Virgen María, Juana de Arco, María Antonieta y Madame Curie.
Nos referimos a un interés sexual.
No, jamás.
¿Le importaría ahondar en esto?
No, estoy completamente dispuesto. Me gusta el tema. Estoy consciente de que ahora la homosexualidad es algo que se ve de manera favorable en los círculos seudo artísticos. Pero todavía es algo que la burguesía reprueba. Yo le debo mucho al hecho de ser homosexual. Si quiere considerarlo como una maldición es asunto suyo, pero yo lo considero una bendición.
¿Qué papel juega la homosexualidad en su vida presente?
Quisiera decir algo acerca de su aspecto pedagógico. No necesito contarle que me he acostado con todos los muchachos a quienes he procurado. Pero no es sólo el sexo lo que me importa. He tratado de revivir con ellos la aventura que he vivido solo y cuyos símbolos son la degeneración, la traición, el rechazo de la sociedad y, por último, la escritura. Es decir, un retorno a la sociedad pero por otros medios. La homosexualidad excluye al homosexual de la buena sociedad y por esa razón lo obliga a enfrentarse a los valores sociales. Si uno decide cuidar a un joven, no lo hace de una manera trivial. Uno le hace ver la incoherencia de la razón y la sensibilidad inherentes a la sociedad normal. El elemento femenino contenido en la homosexualidad envuelve al muchacho y quizás esto se traduce en una mayor bondad. Cuando el Consejo Ecuménico se reunió en Roma, vi un programa de televisión del Vaticano. Presentaron a unos cuantos cardenales. Dos o tres eran asexuados e insignificantes. Aquellos a quienes les gustaban las mujeres eran aburridos y codiciosos. Sólo el que se veía homosexual me pareció amable e inteligente.
¿Considera que la homosexualidad contribuye al tan publicitado "direccionamiento" hacia una sociedad asexual?
Aun si la virilidad estuviera en crisis, eso no me preocuparía mucho. La virilidad es siempre un juego. Los actores norteamericanos juegan a ser viriles. También pienso en Camus, quien adoptó poses viriles. Desde mi punto de vista, la hombría es una cualidad que sirve para proteger lo femenino y no para desflorarlo. Pero evidentemente no estoy en la mejor posición para juzgar. Al oponerse a una actitud convencional, el hombre rompe una concha que le permite revelar una delicadeza que de otra manera no sería evidente. Quizá la emancipación de la mujer moderna impulse al hombre a abandonar viejas actitudes para dirigirse a otras nuevas, más acordes con mujeres menos sumisas.
En los dieciséis años que han transcurrido desde que se le absolvió de la cadena perpetua por reincidencia criminal y obtuvo su libertad, ¿sigue robando o ya se reformó?
¿Y usted?
Preferiríamos hacer las preguntas, si no le importa.
Está bien. No robo de la manera en que una persona común lo hace. En todo caso, ya no robo como antes. Ahora recibo grandes regalías por mis libros, a mí me parecen grandes. Las regalías son producto de mis antiguos robos. Sigo robando en el sentido de que, en lo que respecta a la sociedad, sigo siendo deshonesto, pero la comunidad pretende que no lo soy.
Pasó siete años tras las rejas por sus crímenes. ¿Se consideraba hábil en su oficio?
No era inhábil. Hay un elemento de hipocresía en la operación de robar Pero me molesta su micrófono. Interfiere con mi pensamiento. Veo cómo se mueven los carretes y siento que debería ser cortés con la grabadora que se desenrolla silenciosamente, sin ayuda de nadie. Pero como le decía: el acto de robar lo obliga a uno a esconderse. Si uno se esconde, oculta parte de su acción y uno no la puede reconocer. Resulta aún más peligroso reconocerla ante los jueces. Ante ellos hay que negarlo todo. Uno tiene que negar ocultando. Cuando uno oculta lo que hace es siempre con ineptitud. Me refiero a que uno no utiliza todas sus habilidades. Por fuerza, algunas de ellas están encaminadas a negar el acto que uno emprende.
¿Siente alguna afinidad hacia sus colegas del crimen?
No, de ningún tipo, por la sencillísima razón de que eso me encaminaría hacia la moralidad y, por lo tanto, hacia el bien. Si, por ejemplo, existiera una lealtad entre dos o tres criminales, eso significaría el inicio de una convención moral y, por lo tanto, de inicio del bien.
Cuando empezó a escribir en prisión, ¿la soledad de la creatividad era preferible al aislamiento del criminal?
No, porque lo que escribí me hizo sentir aún más solo.
¿Qué fue entonces lo que lo hizo escribir?
No lo sé. No sé cuáles fueron las razones profundas. La primera vez que advertí el poder de la escritura fue cuando le envié una postal a una amiga alemana que vivía en Norteamérica. El lado de la postal en que yo debía escribir era blanco, con pequeñas arrugas, como la nieve. Esa superficie me hizo evocar la nieve y la Navidad. En vez de escribir un pensamiento convencional, escribí acerca de la calidad del papel. Eso fue lo que me inició. Esto no explica mi motivo, pero sí me dio mi primera probada de libertad.
Escribió su primera novela, Nuestra señora de las flores, en prisión. ¿Qué actitud tenían las autoridades hacia los esfuerzos literarios de los internos? ¿Lo apoyaron con materiales para escribir?
Ciertamente no. Nos daban papel para hacer bolsas. Fue en ese papel café que escribí el inicio del libro. No creí que fuera a ser leído. Pensé que yo nunca iba a salir de la cárcel. Escribí con sinceridad, con fuego y furia, y con mucha más libertad porque estaba seguro de que el libro jamás sería leído. Un día fuimos de la prisión a la corte. Cuando volví a mi celda el manuscrito había desaparecido. El director de la prisión me mandó llamar. Me castigó: tres días en confinamiento solitario a pan y agua por haber utilizado un papel que "no estaba destinado a obras maestras de la literatura". El despojo del director me hizo sentir menospreciado. Ordené unos cuadernos en la cafetería, me metí a la cama, me sumergí bajo las mantas y traté de recordar, palabra por palabra, las cincuenta cuartillas que había escrito. Creo que lo logré.
Aunque hay quienes la han aclamado como una obra maestra del erotismo, muchos críticos se han rehusado a concederle a este libro un reconocimiento literario. ¿Le gratificó el que su publicación haya causado una verdadera tormenta de elogios y protestas?
Sí, pero me habría gustado que la editorial sacara el libro con una portada muy inocente, en un tiraje muy pequeño de trescientos o cuatrocientos ejemplares, y asegurarme de que cayera en manos de los banqueros católicos y gente por el estilo.
¿Es usted tan indiferente a la aceptación de los intelectuales, como parece serlo ante la aprobación de la crítica y del público?
Jamás traté de formar parte de la literatura francesa, por no mencionar el hecho de que la literatura francesa difícilmente me habría dado la bienvenida.
Dice que no es "uno de ellos". Entonces, ¿departe en sociedad con sus ex compañeros de celda y con sus socios del crimen?
Desde luego que no. Considere la situación. Obtengo regalías de todo el mundo. Usted viene a entrevistarme de Playboy. Mientras tanto, ellos siguen presos. ¿Cómo espera que mantengamos una amistad? Para ellos no soy más que un hombre que ha traicionado. Tuve que traicionar al robo, que es un acto individual, en beneficio de una operación más universal, es decir, la poesía. Tuve que traicionar al ladrón que era para convertirme en el poeta en el que espero haberme convertido. Pero esta "legalidad" no me ha hecho más feliz.
Parece sentir que se le considera un paria tanto en la sociedad como en el submundo. ¿Qué piensa de esta reprobación generalizada?
No me importa, pero es cuestión de temperamento. Me gusta ser un proscrito tal y como, con todo respeto, a Lucifer le gustaba ser proscrito por Dios. Pero es por orgullo, y ése no es mi lado bueno.
Algunos críticos han tachado a Sartre de blasfemo por llamarlo "San Genet" en la evaluación de seiscientas páginas que escribió sobre su obra. ¿Qué opina de esta canonización intelectual?
Mis detractores no protestarían por un San Camus. ¿Por qué objetan un San Genet? Cuando era niño me resultaba difícil imaginarme presidente de la República, general o cualquier otra cosa por el estilo, a menos, claro, que hubiera un elemento de voluntad o de determinación. Fui hijo ilegítimo. Estaba fuera del orden de la sociedad. ¿Qué podía anhelar sino un destino especial? Si quería utilizar al máximo mi libertad, mis posibilidades, mis facultades - aún no me percataba de mi talento literario ­ lo único que me quedaba era convertirme en santo, sólo eso; en otras palabras, en una negación del hombre.
Usted ha escrito sobre la "eterna pareja" que forman el santo y el criminal. ¿Cuál es la relación que existe entre ellos?
Ambos viven en soledad. Si examina el asunto con detenimiento, ¿no tiene la impresión de que los grandes santos parecen criminales? No existe un lazo visible entre sociedad y santidad. La santidad asusta.
Algunos críticos lo han increpado, no sólo por ver la santidad como lo hace sino por atreverse a usar la palabra.
Mis detractores se estremecen de que utilice cualquier palabra, hasta una coma. François Mauriac escribió una vez un artículo sobre mí en el que me pedía que abandonara la escritura. Los buenos cristianos, y particularmente mis detractores, son propietarios de la palabra "santidad": no me permiten usarla.
Usted escribió una vez que la poesía es "el arte de usar excremento y hacer que el lector se lo coma". ¿Con esta definición quería justificar su celebrada tendencia a valerse de un lenguaje socialmente inaceptable en su obra?
Las palabras obscenas existen. Si existen, tienen que utilizarse, si no, no se habrían inventado. Si no las utilizara, esas palabras existirían en un estado de apatía. El papel del artista es impartirle valor a las palabras. Usted se refirió a la definición que hice alguna vez de la poesía. Ahora no la definiría así. Si uno quiere tener aunque sea una mínima comprensión del mundo, tiene que deshacerse del resentimiento. Todavía estoy resentido con la sociedad, pero cada vez menos, y espero que no transcurra mucho tiempo antes de que ese sentimiento desaparezca por completo. En el fondo, me importa un carajo. Pero cuando escribí esas palabras estaba resentido; la poesía era una transformación, a través del lenguaje, de lo que se considera materia base en lo que se considera materia noble. Ahora, el problema es muy distinto. Ustedes ­ es decir, la sociedad ­ ya no me interesan como enemigo. Hace diez o quince años estaba en su contra. En este momento no estoy ni a favor ni en contra. Ambos existimos al mismo tiempo. Mi problema ya no es oponerme a ustedes sino hacer algo en lo que estemos involucrados, la sociedad y yo, al mismo tiempo. Ahora creo que si mis libros estimulan a los lectores sexualmente es porque están mal escritos: la emoción poética debería ser tan fuerte que ningún lector sintiera un estímulo sexual. En cuanto a que mis libros son pornográficos, no los rechazo por ello. Sólo respondo que me faltó gracia.
¿Cómo evaluaría a Sartre?
Sartre se repite. Tiene unas cuantas ideas principales que ha explotado en varias formas. Cuando lo leo voy más aprisa que él. Pero su autobiografía me sorprendió. En ella muestra su voluntad de liberarse del mundo burgués. En un mundo en el que todos tratan de ser prostitutas respetuosas, resulta agradable encontrarse con alguien que sabe que está un poco prostituido pero no quiere ser respetuoso. Personalmente, Sartre me cae bien. Su compañía es entretenida. Comprende todo sin juzgar, con risa. Él no acepta todo de mí pero disfruta cuando discutimos. Es un hombre en extremo sensible.
¿Le complació el inigualable análisis psicológico que hizo de usted?
Me llenó de una especie de repugnancia porque me vi desnudado: desnudado por alguien que no era yo. Me desnudo en todos mis libros, pero al mismo tiempo me disfrazo con palabras, con actitudes, con ciertas elecciones mediante cierto tipo de magia. Me las ingenio para no salir muy dañado. Pero Sartre me desnudó sin ceremonia. Mi primer impulso fue quemar el libro; Sartre me había dado el manuscrito para que lo leyera. Dejé que lo publicara porque mi preocupación fundamental ha sido siempre la de ser responsable de mis actos. Me llevó algún tiempo sobreponerme a la lectura del libro. Me fue casi imposible retomar la escritura. Podría haber producido cierto tipo de novela mecánicamente. Pude haber escrito libros pornográficos de una manera automática. El libro de Sartre creó un vacío que me produjo una especie de deterioro psicológico.
¿Cuánto tiempo duró este vacío?
Seis años permanecí en ese abominable estado; seis años de imbecilidad, que es la materia básica de la vida: abrir una puerta, prender un cigarro. En la vida del hombre sólo existen algunos destellos. Todo lo demás es grisura. Pero ese deterioro me condujo a una meditación que finalmente me llevó al teatro.
Pero Velatorio y Las criadas fueron escritas y producidas antes de que se publicara el libro de Sartre.
Así es. Pero el libro de Sartre hizo que explotara algo que ya me era familiar.
En opinión de algunos reseñistas, ese "algo familiar" es la condición de los grupos minoritarios acerca de los que escribe y con cuya marginalidad se identifica. ¿Están en lo correcto?
Escribo teatro para cristalizar una emoción teatral, dramática. No me interesa si, por ejemplo, Los negros le sirve a los negros. Además, no creo que lo haga. Creo que la acción directa, la lucha contra el colonialismo, hace más por ellos que cualquier obra de teatro. En esas obras traté de dar voz a algo profundamente enterrado, algo que los negros y otros pueblos marginados eran incapaces de expresar. Hablando de Las criadas, un crítico dijo que "no hablan así". Bueno, sí lo hacen: pero sólo a mí, cuando estoy solo, a medianoche. Si alguien me dijera que los negros no hablan así, les contestaría que si pusieran su oído contra el corazón de uno de ellos, escucharían lo que escribí. Uno tiene que ser capaz de escuchar lo no dicho.
¿Entonces, en sus obras, su afinidad está con las clases oprimidas y necesitadas?
Puede ser que haya escrito estas obras contra mí mismo. Puede ser que yo sea Los Blancos, El Patrón, El Empleado, y trato de aislar los elementos de idiotez que hay en esas cualidades.
Bueno, aquí, en esta exigua habitación, aparte de unos cuantos muebles de segunda mano, sólo vemos siete libros, un despertador, una maleta, un traje y tres camisas, además de la ropa que lleva puesta. ¿Es todo lo que posee?
Sí. ¿Por qué habría de tener más? La mía es la pobreza de los ángeles. Las posesiones y todo lo que las acompaña no me interesan en lo más mínimo. A veces, cuando voy a Londres, mi agente me hace una reservación en el Ritz. Pero ¿qué necesidad tengo de poseer lujos y objetos? Escribo: eso es suficiente.